
Convergieron
en el futuro hombres de letras dos corrientes idealistas: las de Ocaña
y Mompós, pues su padre era oriundo de esta última ciudad. Fiel
al llamado de sus ancestros se reintegró a Ocaña apenas iniciada
la adolescencia.
El mismo confiesa que sus bases culturales eran apenas elementales. Tuvo allí
la fortuna de encontrar trabajo en la casa comercial de los señores
Jácome Niz, quienes se tornaron en mecenas suyos y pusieron a su disposición
una biblioteca enriquecida con lo mejor de la producción en verso y
en prosa de la literatura española y americana. Eran así mismo
importadores de libros. Pocos años le bastaron a su claro talento para
convertir al sencillo provinciano en uno de los más extraordinarios
casos de autoformación de nuestro país, pues sus modestos recursos
económicos no le permitieron siquiera utilizar los escasos estudios
superiores que se obtenían en la Ocaña de entonces.
Ocaña sin embargo tenía ya fama de culta. Contaba con imprenta
desde 1.851. Era la patria de José Eusebio Caro y de José Vicente
Concha Lobo y había servido de albergue a la Convención Nacional
de 1.828. Al empezar el presente siglo habían circulado en ella más
de cuarenta periódicos de relativa importancia, redactados y dirigidos
por valiosas plumas entre las que sobresalen las de José T. Gaibrois,
Lázaro María Pérez, Joaquín Pablo Posada y Germán
Gutiérrez de Piñeres, raro caso en una ciudad intermedia e incomunicada
con los principales centros culturales del País. Era, pues, el ambiente
apropiado para el espíritu del novel peregrino.
Con el nivel cultural así adquirido halló pronto camino para
encontrarse con dos predestinados del arte con quienes formó una trilogía
que sigue vigente, aún después de su desaparición terrena.
A la usanza de Provenza alguien los bautizó "Los Felibres"
y cada uno en su género dejó huellas que atesora su tierra.
Edmundo Velásquez y Adolfo Milanés son nombres que honran la
lírica Colombiana. Y Luis Tablanca (Enrique Pardo Farelo), el consumado
novelista y cuentista que opaca un poco al delicado poeta, alcanzó
entre ellos mayor reputación nacional.
Superada la corta etapa de Ocaña se traslada a Bogotá, y es allí donde aparece lo más variado de su producción, la cual abarca muy diversos campos, incluso hasta el periodismo, pues fue colaborador del Diario Nacional", cuando lo dirigía el doctor Enrique Olaya Herrera. Según manifestación personal que nos hiciera en 1.958, Tablanca se consideraba cofundador de la revista "Cromos". Otra revista, "El Gráfico", publicó también a menudo sus primorosos cuentos, calificados por Luis Eduardo Nieto Caballero "como los mejores de nuestra literatura, de los más sobrios y de los más nacionales".
En una
reunión de Nortesantandereanos en agosto de 1.939 con el Presidente
de la República Eduardo Santos, en casa del gobernador Hernán
Gómez Gómez en Bucaramanga, tuvimos la fortuna de oír
de labios del egregio estadista conceptos encomiásticos sobre nuestro
biografiado. Entre otras palabras altamente consagratorias manifestó
que "Tablanca era una víctima ilustre de la modestia o de la timidez".
El novelista estuvo muy cercano al afecto del ex presidente.
No obstante el apostolado de bondad del cual se hace especial mención
adelante, era Tablanca en realidad un ser algo reconcentrado. Eludió
el acicate espiritual de una esposa. Prefirió la soledad. El hecho
de aislarse de la Capital de la República, dando la espalda al círculo
intelectual de la época que lo estimulaba y lo aplaudía, para
encastillarse en un pueblo lejano e inaccesible en la plenitud de la vida,
nos insinúa por lo menos un desencanto o un prematuro tedio de la sociedad.
Signos reveladores de esta situación anímica cercana a la misantropía
los encontramos ya en una misiva suya a don Miguel de Unamuno escrita en 1.908,
cuando escasamente contaba veinticinco años. De la respuesta del sabio
rector de la Universidad de Salamanca, que enseguida insertamos, podemos deducir
el estado de alma de nuestro compatriota: "Entre los libros que he dejado
sobre mi mesa de trabajo figura, mi estimado señor, sus "cuentos
sencillos". A ver cuándo tengo un respiro para hojearlos".
"De lo que no sé qué decirle es de "mis veinticinco
años , ya un poco fríos y demasiados vividos". Espero que
se le calentarán y comprenderá algún día que aún
no ha empezado a vivir. No creo en general en los desengaños prematuros.
Las esperanzas se forjan en recuerdos y el que no ha dejado camino detrás
de sí, no tiene camino a la vista. El porvenir es una proyección
del pasado. Dentro de diez años sentirá usted de otro modo y
para entonces lo emplaza su afectísimo, Miguel de Unamuno".
Después de su semiclausura en El Carmen sólo produjo su obra
maestra "una derrota sin batalla", fruto de su fugaz experiencia
como secretario de hacienda de su departamento. Calificada por notables críticos
nacionales y extranjeros (Gerald. E. Wade) como una de las mejores novelas
colombianas, es desconocida ahora, sin embargo, por la casi totalidad de sus
compatriotas, debido al escaso número de su única edición
de 1.935 en la editorial "La Cabaña" de Bucaramanga. En esta
novela, esencialmente autobiográfica, aparecen a cada paso de sus agudas
cualidades para la sátira de la naturaleza humana, su extraordinaria
fuerza de invención, la calidad y sencillez de su relato, cualidades
de las cuales se expresa así Luis Eduardo Nieto Caballero:... "Calladamente
Luis Tablanca ha formado un palacio de belleza. Cada piedra que han labrado
sus manos lo han elevado en el concepto de que es un genial cantero del arte.
Predomina en él el observador, el descriptivo, así en sus versos
como en sus cuentos. La pluma le sirve para expulsar el demonio interior,
para fijar en lo que no perece lo que lleva en los ojos y en el alma. No es
él instrumento para cultivar notoriedades, que acaso su refinado espíritu
desdeña. En nada de lo que ha escrito se revela la dificultad del que
asciende con el corazón fatigado. Suya es la difícil facilidad
encarecida por los que aman lo espontáneo y lo sencillo. Y por uno
de esos privilegios del arte verdadero, lo espontáneo y lo sencillo
manejado por Tablanca tiene exquisita novedad y dejan un reguero de cosas
sugestivas. Otro crítico, el ilustre salesiano José J. Ortega
Torres, conceptúa en su "Historia de la literatura Colombiana"
que Tablanca, es un artista de la narración en prosa castiza y flexible:
Sus cuentos y novelas son páginas llenas de paisajes y colorido".
Nieto Caballero lo ubica dentro de la generación del centenario, al
analizar cien figuras representativas de la política y las letras de
aquel brillante período.
El notable crítico, poeta e historiador Jorge Pacheco Quintero, opina
que Tablanca, "Como novelista, supera los tradicionales marcos del costumbrismo,
y alcanza un realismo autóctono, limpio de técnicas y temáticas
foráneas que le colocan muy por encima de muchos novelistas de los
últimos tiempos. A estas horas de la cultura del mundo, cuando se han
eliminado las distancias y desaparecido los rincones, la América hispana
tiene que contar, y Luis Tablanca cuenta a lo Hispanoamericano. Es lo que
hoy se llama la Universalidad del realismo local, en el que son verdaderos
maestros en Colombia, Luis Tablanca y Tomas Carrasquilla. Este último
consideraba al primero dentro de los mejores cuentistas del habla española".
Otro importante
crítico el español Emilio Ramírez Ángel, escribía
en Madrid en 1.909:... "Quedamos, pues, en que Tablanca, a quien no pretendo
describir, es un cuentista "nuevo en esta plaza" pero ducho ya en
las argucias, intuiciones, mañas y socaliñas del escritor formado.
Tablanca es, a mi juicio, un literato consciente, dueño de ese prestigio
que arranca a la emoción suspiros de conquistada, de seducida. Al hombre
de Luis C. López, enmarcado por una aureola que gustosamente percibo,
añado hoy el de Luis Tablanca. Este libro, "Cuentos sencillos",
está también hecho, tan amorosamente escrito, tan lleno de imágenes
insólitas y períodos pulidos, que su autor se gana, en noble
lid, todas nuestras simpatías"...
en su bibliografía aparece además de "Cuentos sencillos",
publicado en Madrid en 1.908, "Cuentos fugaces" (Barcelona, 1.917)
y su colección de versos "La flor de lo años", editada
en Bogotá en 1.918. Su novela costumbrista de ambiente ocañero
"Tierra encantada" se publicó también en Bogotá
en 1.926. Al año siguiente se hizo la segunda edición y a este
éxito se refiere el escritor en el prólogo: "la favorable
acogida que ha tenido esta novela, ya en el concepto de los críticos,
ya en la simpatía del público, manifestada de la mejor manera
que puede desear un autor, es decir, comprándola hasta agotarla, me
ha movido a hacer esta segunda edición y me da además ocasión
de decir unas cuatro palabras".
"Sea lo primero declarar la complacencia que me ha producido tan inesperado
resultado: no tanto para mi cuanto por lo que pone de presente que un honrado
esfuerzo artístico encuentra entre nosotros el premio correspondiente,
sobre todo cuando ese esfuerzo busca sus elementos de trabajo en la riquísima
cantera de nuestra propia vida nacional"...
En 1.970 el Instituto Caro y Cuervo, con el patrocinio de la escuela de Bellas
Artes de Ocaña, reimprimió esta obra junto con una antología
de cuentos. "Forman el volumen tercero de la colección de autores
ocañeros".
Una exhaustiva revisión en los archivos de la revista "Cromos"
y "El Gráfico", y en los suplementos literarios de "El
Tiempo" y de "El Nuevo Tiempo", en la segunda y tercera década
del presente siglo, proporcionaría material suficiente para un nuevo
volumen de cuentos que hoy pueden considerarse inéditos.
Daniel Samper Ortega evalúa de modo consagratorio su obra literaria
en el volumen 2, página 15, de la "Selección Samper Ortega
de la literatura Colombiana". (Biblioteca aldeana de Colombia), e incluye
producción de Tablanca en los tomos 81, 82 y 84. El volumen citado
inicialmente, titulado "Otros cuentistas", está formado con
producciones de Luis Tablanca, Gregorio Castañeda Aragón, Efe
Gómez, Jorge Isaac, Adel López y Vives Guerra....li
Leonardo Molina Lemus