Versos de Semana Santa
Luis Tablanca

EN LOS TIEMPOS QUE CORREN

Magdalena, María Magdalena,
mujercita buena
que al ver al Señor
caíste llorando de pena,
de vergüenza, de angustia, de amor;
y a quien tu pecado
te fue perdonado
porque habías amado...

El Rabí sencillo de la Galilea,
el de los perdones, el meditabundo,
a dejar no ha vuelto su voz, miel hiblea,
sobre la infinita tristeza del mundo.

Si a vivir volvieras, qué amarga tu vida
dulce arrepentida,
hija de Magdalo;
ya el coro de hipócritas parece que escuchó,
pues doquier que fueras,
porque amabas mucho
solo te dirían: Malo, malo, malo...


EN EL CENÁCULO

Nada tan noble y bello digno de ser cantado:
En la postrera cena que precedió al martirio,
Juan, dormido en el hombro del maestro, es un lirio
En la fuente del agua de la vida inclinado.

Una Calma infinita y un silencio sagrado
dan a su rostro santo la palidez de un cirio,
y es un ardiente cirio que ilumina un delirio
de amor, en cuya hoguera se consumió el Amado.
Cristo brindó y son santos el pan de los trigales
Y el licor de las uvas... Sus oros vesperales
Ese Sol de los tiempos en ficción atenebra.


EL ALMA CON CRISTO

Y al descarriarse triste del divino rebaño
Judas se va en silencio, remordido y huraño,
y su fuga de sombras es la de una culebra.

Oh buen Jesús, yo cargo como vos un madero
sobre mis hombros débiles y su peso me abruma;
desde mi abismo claro, Señor, pero no quiero
que vuestro amor lo torne con suavidad de pluma.
Es larga la penosa fatiga del sendero:
Me han quemado los soles, me ha segado la bruma;
Clamo porque soy débil, Señor, pero yo espero
Lograr la dulce gloria que mi dolor consuma.

Sufro, no por la sangre que dejo en el camino;
clamo, no por la angustia que me agobia y traspasa
(Mi faz está en el lienzo y el verso es lienzo fino).
Sufro y clamo de hinojos, oh buen Jesús, mi dueño,
porque la muchedumbre se burla del que pasa
por el erial tristísimo bajo la cruz de un sueño.


MADRE DOLOROSA

Otra vez, Madre,
como en los días de la Pascua,
vagas llena de penas,
llena de amargas penas y de lágrimas;
los siete puñales llevas
que el corazón te desangran
y es tu manto negro
tan negro como aquella tarde aciaga.

¿Vas a Belén?
A Belén no vayas.
en las paredes del establo
se secaron las parietarias;
ya no brilla la estrella de los Magos
ni el aliento del buey perfuma la madrugada;
los pastores se han puesto viejos
y no cantan.

No te daría mucha tristeza
si de nuevo cantaran
lo que en el advenimiento de tu hijito?
Madre a Belén no vayas.

Señora del hondo duelo,
oh pobre Madre desolada,
como en los días de la Pascua,
mi amor de hijo te mira sola

¿Vas a Nazareth?
No vayas.
La casita del carpintero,
tu dulce hogar, no existe, y la vara
milagrosamente florecida de nardos,
se marchitó, se fue con su fragancia,
y en la primera misa de tu hijito
hallaríais en el fondo del arca,
el arca de cedro
que tu esposo labrara...

¿No te daría mucha tristeza?
Madre, a Nazareth no vayas.
Señora de los siete puñales
en el corazón y el alma,
mi amor de hijo te mira sola
como en aquella fiesta aciaga.

¿Vas al Templo?
No vayas.
No hallarías a tu hijo
discutiendo con los doctores.
¡Norabuena lo hallarás!
Madre de la aureola fúlgida,
Madre y como Madre amada;
Madre de todos los que sufren,
ven a reposar en mi cabaña.
Lavaré tus pies cansados
con agua tibia y clara,
te daré la leche dulce de mis camellas,
y los dátiles del huerto de mi casa,
y el pan de mis trigales,
y el vino de mis ánforas...


PLEGARIA

Señor, la sangre mana de tu costado abierto
y del astil oscuro que empuña el centurión
sobre la dura roca de un árido desierto
no bien la gota cae la seca el equilón.

Señor, la sangre mana de tu costado abierto:
Licor divino es ella de eterna redención,
hará brotar las flores de mi árido desierto;
haced, Señor, que caiga sobre mi corazón.

Enrique Pardo Farelo

Todas las imágenes religiosas pertenecen a la parroquia de El Carmen.
Cortesía de: Carlos Gutierrez

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