En el
cálido rojo de su labio risueño
gustar quise del néctar que nos brinda el amor,
ese néctar del beso que remeda el sedeño
transmigrar de perfumes de una flor a otra flor.
Y le
dije muy paso y anhelante y risueño:
Dame, reina, en tus labios ese néctar de amor;
beber quiero tu aliento perfumado, mi dueño,
y en supremos deleites olvidar mi dolor....
Mas la
ingrata princesa rió falaz de mi empeño,
y al huir por las calles de jazmines de olor
se lleva en lo rojo de su labio risueño
ese néctar del beso que remeda el sedeño
transmigrar de perfumes de una flor a otra flor
AÑORANZA
Cuanta tristeza
sentí
Aquella tarde de invierno
Cuando desde una montaña
Le dije a Dios! A mi pueblo.
Era una
tarde muy triste
Pesada tarde de enero
Y las neblinas cubrían
La cuesta azul de los cerros.
Abajo;
el valle encantado
Parecía un cementerio
Donde el destino enterraba
Mis juveniles recuerdos.
Llegaban
a mis oídos
En los halles de los vientos
Los suspiros de mi madre
Los perfumes de mi huerto.
La honda
querella del río
Aumentaba mis tormentos
Como una voz querida
Me llamara desde lejos.
Mi brioso
alazán remante
Con furia tascaba el freno
Y en vez de parar el paso
Veloz ganaba el sendero.
Cuando
detuvo el galope
Sobre la cresta del cerro
Ya las neblinas cubrían
El dulce valle paterno.
Y un punto blanco impreciso
Se divisaba a lo lejos
Como un fantasma nocturno.
Era la
torre del pueblo
Donde cual tiernos pichones
emplumaban mis ensueños
al suave arrullo del río
Al dulce calor del fuego.
Cuán
triste fue aquella tarde
Aquella tarde de enero
Cuando en la sierra escarpada
Batí el doliente pañuelo
Diciendo a dios a mi huerto
A mis pequeños hermanos
A los muchachos del pueblo.
Los lejanos
horizontes
Eran a mi desconsuelo
Como trágicas preguntas
De algún innato misterio.
Y ante mis ojos pasaban
Acrecentando a mi tedio
Cual sombras de media noche
Las visiones del colegio.
Allá,
en el blanco villorrio
Quedaban todos mis sueños
Esparcidos cual las hojas
Que arrastra en octubre el invierno.
Mi corazón
era un loco
De atar; y mi pensamiento
Como un halcón errabundo
Volaba lejos... muy lejos.
Al fin,
al potro salvaje
Solté las bridas del freno
Y escapó como una garza
Cuando la siguen los perros.
Hubo
en mi ser muchas cosas
Que en vano olvidar intento
Hubo promesas al aire
Tempestades de recuerdos.
Y al
perderse para siempre
Quedó grabado en mi alma
El soñoliento paisaje
De aquella tarde de invierno.
SU
NOMBRE AMADO
Llevaba en torno de mi ser la noche,
el peso de una noche sin estrellas,
el peso de una noche de torturas
en la cual se palpaban las tinieblas
como se palpa crujidora y suave
en manojos elásticos la seda.
Y apagando
el zumbido del silencio,
medrosa voz de incógnitas colmenas
en la miel de la sabiduría
elaboran las almas y la acendran,
una voz misteriosa, voz extraña,
una voz infinitamente buena,
una voz de ternura, voz piadosa,
voz a un tiempo lejana y voz interna,
rasgó la oscuridad cual meteoro
dejando tras de sí radiante huella,
como el alba paloma legendaria
como la oliva después de la tormenta.
Y esa
voz de ternuras infinitas,
esa voz infinitamente buena,
esa voz misteriosa, voz extraña,
voz a un tiempo lejana y voz interna,
tan sólo con la magia de un vocablo
alzó un sol de esperanzas en mi senda,
tan sólo con la magia de un vocablo,
de un dulce nombre de mujer, de aquella
que hace crecer las rosas del ensueño
en las melancolías del poeta.
Cabrita
Montés perfumada
con el rústico olor del tomillo,
tus ojos de mágico brillo
alegran cual una alborada.
De humildes
pastores amada
guardar sabes con gesto sencillo
intacta en triunfal juboncillo
la tibia y erecta nidada.
Mi lento
vivir melancólico
contigo ha soñado, cabrita
montés, del idilio bucólico.
Que vas
a tu albergue lejano
sin saber que en ti bulle y se agita
el más bello motivo profano.
Oye:
si madrugares a rezar los maitines,
Oh soñada novicia de la rubia guedeja,
antes que el aura vuele, abre a mi amor la reja
que aroma y ensombrece la flor de tus jardines.
Y oirás
allá en el limite azul de los confines,
puerta por donde pasa la noche que se aleja,
una canción tan dulce como una dulce queja
que dieran al morirse de viejos los violines.
Son mis
sueños en fuga, medrosos porque el día
cuando regó en los cielos su fugaz escarlata
los sorprendió en tu huerto de perfumada umbría.
Y con
las sombras huyen el rauda cabalgata
a descolgar las citaras de la melancolía
que habrán de ser oídas en la postrer sonata.
ME
VOY....
¿ Sonará el beso que marque
mis epinicios de amor ?...
Son las diez....Desierto el parque....
Llorando está el surtidor.
Entre
las frondas anida
la nocturna brisa queda
y la florida arboleda
habla, pero habla dormida.
Lejos,
en algún salón,
muertas la fe y la esperanza,
tocan la vieja romanza
que asesinó un corazón.
Es una
novia olvidada
que medita mientras sube,
Diana enferma, acurrucada
en el crestón de una nube.
Sobre
la grama caído
ha tropezado mi anhelo
con un perfume de olvido,
con el olán de un pañuelo.
¿
De quién ? El precioso encaje
tiene blancura de nieve...
¿ Qué mano pulida y breve
como gran lirio de nieve
lo abandonó en el boscaje ?
mudo en mis manos, diría
al aspirar su perfume
que este pañuelo resume
toda la tristeza mía.
Blancor,
perfume, abandono...
se han deshojado mis rosas
y lejos de amargo encono
siento piedad por las cosas.
Me voy....
El beso no existe
donde no hay bocas en flor,
y está llorando muy triste
el agua del surtidor....
Ayer
miré en el bosque aquel castaño
donde grabamos nuestras iniciales,
cuando inocentes de futuros males
era el tiempo feliz de nuestro engaño.
Y otra
vez tu presencia como antaño
alegró las penumbras vesperales,
y en fugas ilusión mis madrigales
ebrios se alzaron de un amor extraño.
Mas ¡
ay ! Que así tu nombre como el mío
se están borrando ya de las hermosas
cortezas, tras el curso de un estío.
Y, símbolo fatal de amargas cosas,
hoy de aquel monograma rueda el frío
llanto de las resinas temblorosas.
Al incierto
futuro me aproximo
sin el temblor del miedo
a buscarte, cual buscan el racimo
los labios en la sombra del viñedo.
No me
punza el zarzal ni me lastimo.
un vago encanto ledo
anuncia las dulzuras de tu arrimo
y el corazón avanza con denuedo.
Florecerá
risueña mi ventura
y en la paz de un crepúsculo dorado
será en mí tu suavísima hermosura
Con levedad
de espíritu extasiado,
con la atracción de gloria, con ternura
de voz de absolución para el pecado.
¿Qué
poder ultraterrestre
desde el polvo te levanta,
oh Isoldina de las pálidas quedejas,
mujer triste que llevaste a la garganta
sin alzar la voz en quejas
el dogal áspero y rudo del esposo, tu señor;
a qué surges silenciosa y pensativa
retorciéndole las manos,
si mi angustia comprensiva
tu tristeza bien conoce
bien conoce tu dolor?
largas horas, oh Isoldina,
he llorado
de pensar
en que al beso de la tarde purpurina
el cadáver de tu amado
en la horca del castillo,
bajo el ala de los cuervos
viste
triste
voltear.
Y doblaste silenciosa la cabeza
sin decir de tus angustias,
sin decir de tu dolor....
Dime, ¿acaso son afines
mi tristeza y tu tristeza,
fui yo acaso en otro tiempo
el amado
desgraciado
que colgó, loco de celos,
el esposo, tu señor?
¡bien recuerdo, oh Isoldina
de las pálidas guedejas,
que por sendas silenciosas te aventuras
y me besas....Y me dejas
dando vueltas en el torno
de marfil de mis locuras!....
La luz
de la luna suave
bañaba el rincón aquel
donde prometí olvidar
a quien jamás olvidé.
Y una
muy vaga tristeza
flotaba en ese lugar
por mis palabras traidoras
a mi corazón leal.
Las madreselvas
del muro
se movían con rumor
de palabras que se dicen
temblando y a media voz.
¡Rumor
de dulces palabras
para un amor que se fue,
canción que aún vibra en mi alma
con la ternura de ayer!
En los suspiros del viento
se adivina un dolor
que venía de muy lejos
a turbarme el corazón.
¡Olor
de claveles dobles,
perfumes de aquel jardín,
aromas de su corpiño
que ya no son para mi!
Luz de
luna, noche triste,
muerto jardín conventual....
¡Ay, como dueles, olvido,
cuando es por fuerza olvidar!
Extraño amor el nuestro, vida mía,
amor que ni se muere ni adelanta;
somos el monje aquel que se extasía
oyendo en el jardín la melancolía
de un misterioso risueñor que canta.
Música tus palabras a mi oído,
sólo aquellas que ansío me has negado,
y aunque a ser misteriosa fiel has sido
en tus ojos ardientes he leído
que yo soy en tus sueños el amado.
El vaivén de la vida a otros lugares
me ha de llevar, y tras el agrio monte,
más allá de las selvas y los mares,
una estrella, el recuerdo de tus lares,
me guiará de horizonte en horizonte.
Unidos por un dulce pensamiento
nada serán la ausencia y la distancia,
pues oiremos doquiera el vago acento
de una linda canción de encantamiento
en la noche de estrellas y fragancia.
Y en las tardes dolientes, pensativa,
tras de leer mi cánticos dispersos,
verás temblar, romántica y esquiva,
tu leve imagen en el agua viva
de los diáfanos vasos de mis versos.
Yo que
aun puedo mirar, pues no han cegado
mis ojos ante el brillo deslumbrante
de vuestros ojos, por estar distante
de donde rige amor vuestro reinado.
Por mágica
virtud ilusionado
os miro tan magnifica y triunfante
con una espiritual dama galante
que al divino Wateau se le ha fugado.
Desnudos
de los falsos atavíos
pláceme deshojar los versos míos
en vuestro honor, cual una ofrenda leve.
Y me
place soñar que al ensalzaros
yo voy también hacia la hoguera breve
de vuestros ojos húmedos, preclaros.
Déjame
ser el barquero cuando llegue tu partida,
sé bogar en las tinieblas, conozco el mar del dolor;
en el bajel de mis sueños amablemente dormida
pasarás sin sobresalto del imperio de la vida
al silencio de ultratumba, donde aumentará mi amor.
Ágil
es mi barco, tiene los velámenes azules
y marcó su derrotero la risueña juventud
hacia las playas gloriosas de soñadas Estambules....
Pero al llevarte dormida le colgaré negros tules
y flotará silencioso convertido en ataúd.
Antes que tu carne quede con la frialdad de los hielos
daré unciones a tus manos y a tu frente de marfil,
ungiré también la boca que hoy fatiga mis anhelos,
y ungiré tus ojos tristes, cilicios de mis desvelos....
¡tu cuerpo todo armonioso, gala florida de abril!
En el
reino del silencio existe una cripta fría
donde podrás dulcemente dormir la noche eternal,
yo me quedaré a la puerta recitando una elegía
en que llore tus ausencias y recuerde, virgen mía,
tus ojos que habrán dejado huérfano ya el madrigal.
Como
estoy tan lejos
me habrás olvidado....
y acaso entre el polvo, marchitos y viejos,
mis versos de amores habrás sepultado....
¡ Como estoy tan lejos!
De aquel
sol de la gloria
que alumbró gozoso nuestras alegrías
ni un vago recuerdo tendrá tu memoria....
¡y yo ambicionando que no olvidaría,
aquel sol de gloria!
Quedó
muy distante
toda esa ventura;
las horas se fueron con vuelo incesante,
las mieles de antaño son hoy amargura....
¡Quedó muy distante
toda esa ventura!
¡Qué
hacer si te olvidas
de aquellas jornadas!
después de las nieves las ramas floridas
anuncian las nuevas cosechas doradas.
¡Qué hacer si se cumplen las leyes sagradas!
¡Qué hacer si te olvidas!
De noche
y mientras llueve
hago corro en familia
al calor de un hogar que no es el mío
ancha rueda de clara luz derrama
la lámpara del techo suspendida
sobre la mesa en cuyo torno estamos.
A mi lado mi amiga
sonríe desplegando el abanico
la baraja de naipes y vacila
dándole al fuego toda la importancia
de los actos supremos de la vida.
Yo me dejo ganar alegremente
y gozo con la gracia irreflexiva
que la erige triunfal y centellea
en sus oscuras y húmedas pupilas.
Y un
pensamiento grave
viene a nublar de pronto mi alegría
en esta hora de placer discreto
tan rara en el decurso de los días;
un pensamiento grave
en el cual ella es víctima.
En la
hora presente,
mientras toma las cartas pensativa
y en el más lento cálculo se hunde
descosa de ganarme la partida,
¿no estará ya trazado para ella
un intrincado dédalo de espinas?
¿Vendrá
para ella el que juzgó en sus sueños
príncipe de la dicha,
o en lento atardecer irreparable
declinará sin florecer su vida?
esa mano de nieve
que describiendo un circulo vacila
sobre el ancho abanico de los naipes,
¿será mano de reina o de mendiga?
Alza
la dulce faz y la inocencia
le parece prestar aureola mística
al preguntarme con acento vago:
-¿Por qué te has puesto triste,
estas pensando alguna poesía?
¡Ah, si yo le dijera lo que pienso!
bajo el alegre sol que vivifica,
en la marcha angustiosa que llevamos
a través de hondonadas y de cimas,
con el ansia de ver los horizontes
que huyen a nuestro afán y nuestra vista,
vosotros en la cuesta fatigadas
os quedáis, pobrecitas....
Nosotros perseguimos una estrella
y en las posadas del amor cautivas
vosotras alentáis nuestros desmayos
para llorar después nuestras perfidias....
-¿En
qué piensas? repite. y yo le digo
después de suspirar profundamente:
-No estoy pensando en nada. amiga mía....
Amada,
tu profunda tristeza es dolorosa
y aunque no me la cuentan tus labios, la adivino.
Con igual mansedumbre se deshoja una rosa
que antaño dio perfumes en mi antiguo camino.
Tus ojeras
se ahondan como fosa espantosa;
tu palidez de muerte tiene un trágico sino,
y ese blancor enfermo divinamente glosa
un pensamiento lúgubre, descomunal y fino.
Si no
hubieras amado yo dijera: por eso....
Pero tus labios saben a lo que sabe un beso
y son sabias y expertas en caricias tus manos.
Pesar
que no se dice torna el cerebro loco;
deleznable es la orilla de esos negros arcanos....
Llora mejor, amada, que el llanto alivia un poco....
VISIONES
Y TRISTEZAS
A mi hermano Roberto
FUTURO
Alguna
noche triste del oscuro mañana,
cuando la tierra pida la tierra de mis huesos,
en un sepulcro angosto, bajo los verdes sauces
me dormiré. La luna desde los altos cielos
será mi compañera en las heladas noches,
la luna, esa doliente lámpara de los muertos.
Entonces
los desdenes con que me heriste ciego
te buscarán, ¡oh amada de suaves ojos negros!
Vagarás dolorida, sentirás mi nostalgia,
y la palabra dulce que pidieron mis versos,
la frase compasiva que no nació, tornada
en víbora implacable se agitará en tu seno;
te seguirán sin tregua, como furias del Orco,
las caricias guardadas; los no encendidos besos
serán hiel en tu boca; contemplarás la vida
como la arena estéril de solitario yermo....
¡No
valdrá que me inquieras bajo los verdes sauces
ni valdrá que me busques, porque estaré muy lejos!....
Ruinoso
el cortijo sobre la colina,
la cisterna obscura bajo el emparrado
y en el tejadito la paz campesina
del humo que asciende sutil y azulado.
Murmurando
el agua triste sonatina,
llena un insaciable pozo adormilado,
donde ve la luna su faz columbina,
como damisela que hace su tocado.
Sierpe
que jugara caprichosos juegos
bajo tenues luces finge en la vereda
una larga fila de mozos labriegos
Que dejan
los surcos al oír la queda,
y hablan del verano que se muestra amigo
convirtiendo en oro los campos de trigo.
El zagal
cual desnuda eucaristía,
dorado por el sol con áureo baño,
mientras rumia paciente su rebaño
se ha sentado a tocar la melodía.
Corre
a sus pies sonora la onda fría
cabe una roca de color d estaño,
y su rumor parece tan extraño,
como si recitara una elegía.
Risueño
el pastorcillo suavemente
sopla, y en los cristales del ambiente
cada nota es dulcísimo palabra.
En la
seroja del yerbal tendida,
inmóvil, silenciosa y abstraída
se adormece escuchándole una cabra.
Oíd
cómo brama el río,
oíd cómo sopla el viento,
cerrad bien esas ventanas,
arrojad un tronco al fuego
y de la obscura bodega
que suban del vino viejo.
Esta noche me hace falta
los que por estar muy lejos
no habrán de alegrar ya nunca
estas veladas de invierno,
suaves como la esperanza
para el corazón enfermo.
Esta noche me hacen falta
los que triste se durmieron
y por el largo camino
sin campaña y sin regreso
lentamente se alejaron,
lentamente se nos fueron.
¿Oís en las sombras algo
como suspiros y besos?
Son las citas invisibles,
son las almas de los muertos
que a nuestra plática vienen
como en los pasados tiempos.
¡Pobres difuntos queridos
que en los fríos cementerios
se estaban helando acaso
sin el calor del recuerdo,
bajo el rigor de la lluvia,
a los azotes del cierzo!
¿No oís cómo brama el río
y cómo resopla el viento?
¿Y aquí dentro no escucháis
como suspiros y besos?
Son las almas olvidadas
¡recémosle! padre nuestro....
Hubo
un roble gigante de remotos antaños
donde hallaban asilo palomas y cornejas;
su tronco era el alcázar feliz de las abejas,
sus resinas lloraban obscuros desengaños.
Un día
lo cortaron unos hombres huraños,
al declinar al suelo sus bóvedas complejas
alzó la voz el bosque para decir sus quejas
y llorar en aquellos funerales extraños.
Por la
tarde unas yuntas pesadas y calmosas
lo llevaron muy lejos; meridianos ardores
evaporaron luego sus savias olorosas.
Y en
el hogar oyeron sus fibras ya marchitas
los cuentos que contaban de difuntos amores
al calor de la lumbre las rancias abuelitas.
¡Ave
de melancólicos plumajes
a merced de los vientos! Pesarosa
llega en las madrugadas y se posa
en los obscuros y húmedos boscajes.
Convierte
en vago sueño los paisajes,
se enreda entre los árboles morosa,
y en lo hora gris le viste a la fangosa
tierra, una leve túnica de encajes.
Con sus
nevados lienzos arropadas
parecen las montañas a lo lejos
cual vírgenes egipcias recatadas.
Y al
desplegar el ala con pereza
desgarra su plumón de ópalos viejos
en grumos errabundos de tristeza.
Al paso
perezoso del jumento
traen a vender el húmedo forraje,
y muestran remendado el pobre traje
y curtidos los rostros por el viento.
Vienen
por las mañanas un momento
con aire melancólico y salvaje,
y son de la frescura del boscaje
saludable y carnal florecimiento.
Cuando
la pubertad les torne airosos
y la sangre en ruidosa tremolina
les despierte deseos misteriosos.
Será
un cielo para ellos la colina
donde bajo los techos amorosos
es paloma torcaz la campesina.
Tardes
vienes y menguada,
pobre luna; tarde vienes
y tan triste y demacrada
te sostienes
en el azul silencioso,
cual si esperaran tus sienes
para fallecer un beso
misterioso.
Esperando
tu regreso
va la noche de vencida;
con la noche va finida
mi esperanza....Tarde vienes
y tan triste y demacrada
que en la glacial madrugada
tus besos hielan mis sienes.
Tu suave
lumbre indecisa
va en las hondas de la brisa
con moribundo albedrío....
Hay almas clamando en vano,
luna, mi espíritu hermano
en la tristeza y en el frió.
En la
clara noche yerma
asomas cual una enferma
por un calado ajimez,
y a mi ser tu lumbre baja
como una etérea mortaja
de palidez.
Una nube
blanca y fina
como gasa de neblina
con donaire te reboza
levemente....
¿En
tu alcázar ignorado
qué pesares has llorado
que adelgazan tu marfil,
qué te han dicho los poetas
en sus loas indiscretas
que has venido tan sutil?
Con tu
lánguido sudario
soñoliento, visionario,
vengo errante
a través de la llanura,
con el ansia de un amante
que persigue tu hermosura.
Tarde
vienes, mas no importa
silenciosa compañera,
el amor creció en la espera,
la ilusión será más corta,
más hermosa la quimera.