Recopilado de Poemas
Luis Tablanca

AÑORANZA


Cuanta tristeza sentí
Aquella tarde de invierno
Cuando desde una montaña
Le dije a Dios! A mi pueblo.

Era una tarde muy triste
Pesada tarde de enero
Y las neblinas cubrían
La cuesta azul de los cerros.

Abajo; el valle encantado
Parecía un cementerio
Donde el destino enterraba
Mis juveniles recuerdos.

Llegaban a mis oídos
En los halles de los vientos
Los suspiros de mi madre
Los perfumes de mi huerto.

La honda querella del río
Aumentaba mis tormentos
Como una voz querida
Me llamara desde lejos.

Mi brioso alazán remante
Con furia tascaba el freno
Y en vez de parar el paso
Veloz ganaba el sendero.

Cuando detuvo el galope
Sobre la cresta del cerro
Ya las neblinas cubrían
El dulce valle paterno.
Y un punto blanco impreciso
Se divisaba a lo lejos
Como un fantasma nocturno.

Era la torre del pueblo
Donde cual tiernos pichones
emplumaban mis ensueños
al suave arrullo del río
Al dulce calor del fuego.

Cuán triste fue aquella tarde
Aquella tarde de enero
Cuando en la sierra escarpada
Batí el doliente pañuelo
Diciendo a dios a mi huerto
A mis pequeños hermanos
A los muchachos del pueblo.

Los lejanos horizontes
Eran a mi desconsuelo
Como trágicas preguntas
De algún innato misterio.


Y ante mis ojos pasaban
Acrecentando a mi tedio
Cual sombras de media noche
Las visiones del colegio.

Allá, en el blanco villorrio
Quedaban todos mis sueños
Esparcidos cual las hojas
Que arrastra en octubre el invierno.

Mi corazón era un loco
De atar; y mi pensamiento
Como un halcón errabundo
Volaba lejos... muy lejos.

Al fin, al potro salvaje
Solté las bridas del freno
Y escapó como una garza
Cuando la siguen los perros.

Hubo en mi ser muchas cosas
Que en vano olvidar intento
Hubo promesas al aire
Tempestades de recuerdos.

Y al perderse para siempre
Quedó grabado en mi alma
El soñoliento paisaje
De aquella tarde de invierno.

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BREVÍSIMA ANTOLOGÍA
LA FUNDADORA

En la finca de tonchalá
Una casa de campo cual muchas,
Verdes dehesas, altos cocoteros,
Prados de añil y de caña de azúcar,
En la labor las mesnadas de esclavos
Y confundidos con el vaho de la tierra
El aliento de las reses vacunas
Una rica dama vivía
Vida vulgar, sin afanes ni angustias;
Labores de mano, quehaceres domésticos,
Ir en lento decurso a la tumba.

De atrevidos conquistadores
Esta dama tenía con la sangre la alcurnia;
Sus abuelos fundaron Salazar de las Palmas,
Y más allá de donde
La cordillera se bifurca,
El Espíritu Santo de la Grita y Barinas,
Ciudades
Que el patriotismo ilustra.
Pero esta rica hembra
En tonchalá, su retiro apacible,
Iba hacia donde, cual dos ríos, se juntan
La corriente inevitable de la muerte
Y la del olvido, cuyas aguas ni murmuran...

Mas he aquí que del sitio de Guasimal,
Vegas que el río Pamplonita fecunda,
Patrimonio de esta dama apulenta,
Cuyos años provectos
Las canas coronan de albura,
Los vecinos le piden una fértil parcela
Que cujíes y nopales
Tenían por suya.

No vacila. Sus ojos cansados
De un panorama que las brumas
De la vejez con ya muy pálidos
Suaves arreboles alumbran,
Ven con visión clarísima
Lo porvenir, y alzarse
En el valle del prestigio de la ciudad futura.
Y, nieta de conquistadores,
Si de vientre estéril, de mente fecunda,
Como quien riega semilla viviente
En tierra abonada y oscura,
A un pueblo da vida,
Con magnánimo impulso lo funda.

Y ante el alcalde de Pamplona
Llamado a extender la escritura,
Ante testigos asombrados
De su desprendimiento y largura,
Hizo donación de sus tierras,
Inspirada, generosa y augusta,
Doña Juana Rangel de Cuellar,
O si queréis un nombre epónimo:
Doña Juana de Cúcuta.

Era el año de mil setecientos
Treinta y tres. Diez y siete de Junio. Y perdura
Después de dos siglos redondos
Doña Juana Rangel con más vida que nunca,
Pues al dar generosa sus tierras,
Su firma al poner en aquella escritura,
A muerte y olvido venciendo
Su nombre ligó por los siglos
Al nombre y la vida de Cúcuta.

INVIERNO


Vez ? La lluvia cae
Con tanta tristeza
Como si llorara
La naturaleza.

Velado está el monte
Con blanca neblina
Y la flor su cáliz
A la tierra inclina.

La luz es difusa
El paisaje oscuro;
El jardín tapiza
Las grietas del muro.

Sólo se oye el ruido
Del agua al caer
Y al caer solloza
Como una mujer...

El Carmen, (Norte de Santander) Mayo 24 de 1951
Tomado del libro de poesías de Doña Emilia Lemus Lemus.
Enrique Pardo Farelo
Luis Tablanca