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Para tomar la presente fotografía fue preciso al artista subir por escarpadas rocas a buscar en el monte empinado un sitio desde el cual pudiera, a través de un claro de las ramas enfocar su cámara y fijar en la placa sensible el paisaje tendido a sus pies.

Como es un pueblo edificado en un pequeño plano inclinado que queda en el fondo de una cañada, entre altas montañas, entre las estribaciones de la Cordillera Oriental, desde los aviones o desde lo alto de los cerros se le puede ver, pero a mucha distancia, y sin los detalles que lo caracterizan. El fotógrafo quería una vista más cercana, más distintiva, más individual. Y fue a tomarla desde un peñasco del monte que domina el pueblo.

El monte es como un dios tutelar en cuyas rodillas el pueblo nació, creció y se quedó a vivir su vida bajo la luz del sol. Es un monte alto y

El Carmen, Mi Tierra

abrupto cuyas vertientes a ratos dejan de ser oblicuas pretendiendo ser verticales. Debería estar desnudo ostentando su áspera estructura de rocas, pero como si circularan por sus pétreas entrañas preciosos jugos nutritivos, en cada grieta de sus peñas crece un árbol que nadie toca y así el monte ostenta una vegetación que la mayor parte del año sirve de recreo a los ojos por su verdura y que, en ciertos meses, cuando es muy rigurosa la canícula, cuando amarillean y se resecan las hojas, cuando florecen ciertas especies centenarias, luce morados episcopales y púrpuras cardenalicias.

Este monte desde un principio fue declarado intocable por el peligro de que pudieran rodar sus piedras y caer sobre el pueblo edificado a sus pies, para que nadie lo olvidara lo llamaron desde un principio como a cosa santa: "Monte Sagrado".

El pueblo edificado a sus pies es El Carmen. En la provincia de Ocaña. En el departamento de Norte de Santander. En la República de Colombia.

 

Enrique Pardo Farelo

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